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Renta de Balcon del Museo
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Una de las tradiciones con mayor arraigo y proyección cultural para los potosinos es:

La procesión del silencio.

Cada Semana Santa la ciudad se prepara para mostrar una tradición que se ha mantenido viva por más de cincuenta años.

Esta continuidad ha hecho posible su difusión y presencia a nivel nacional e internacional.

El Vía crusis y los Misterios Dolorosos del rosario son su principal motivo de inspiración, el tema central que representan es la Pasión y Muerte de Cristo.

La Procesión del silencio es una manifestación de fe que afirma la devoción de un pueblo que quiere acompañar a Cristo y a la Virgen María en su dolor y soledad.

Una de las procesiones de Sevilla, la de la Macarena, sirvió de inspiración para los católicos potosinos. A pesar de que la mayoría de las procesiones de Semana Santa tiene la misma intención, la manera en que cada pueblo expresa su sentir, es diferente.

En Sevilla se realizan a lo largo de toda la Semana Santa y su sentido tiende más al júbilo de la Resurrección. La Procesión del silencio se efectúa únicamente el viernes santo y tiene un carácter penitencial. La actitud que muestra el potosino es de recogimiento y reflexión, la del sevillano es de euforia, aunque no de irreverencia.

Esta tradición que ha llegado a nosotros no se improviso, se vive, se siente y se palpa con un toque muy particular.

Así, las calles del centro histórico de la ciudad se engalanan y son testigo de la expresión popular religiosa que involucra a numerosos potosinos.

El origen  de esta manifestación en México se debe a los padres carmelitas quienes instauran por primera vez esta devoción en la capital, y cuando la orden decide establecerse en San Luis, considera las preeexistencias del lugar pues el esquema urbano de la ciudad estaba completamente definido. 

La ubicación privilegiada de los principales templos del centro histórico en torno a la catedral, es un factor favorable para las procesiones y peregrinaciones. Esta cualidad espacial que distingue a la ciudad, enriquece la atmósfera de sus calles y crea un ambiente propicio para los recorridos.

El Viernes Santo 16 de abril de 1954, el padre carmelita Fray Nicolás de San José, transplanta del Carmen  de San Ángel a nuestra ciudad de San Luis Potosí  la primera procesión que nace de la devoción de los toreros potosinos a la Virgen de la Soledad.

Que deja como herencia el hermoso legado inspirado en la fe católica.

A lo largo de más de cincuenta años se convierte en la más importante de la República

Mexicana por la impresionante participación del pueblo potosino y la concurrencia de miles de espectadores nacional y extranjeros.

Las Grandes figuras del toreo han sido un factor de atención importante al participar con devoción, ocultando su popularidad bajo una capucha, para no desviar la finalidad de la procesión, tradición que hasta la fecha perdura.

De la misma manera que a los toreros, en esa época, se invita a participar a un grupo de distinguidas damas de la Colonia Española vestidas de negro, con mantilla y peineta a la usanza andaluza.

Esta expresión de fe que tuvo su Orión en una esfera específica de la soledad potosina, se enriquece con la participación del pueblo potosino que no se cansa de colaborar y asistir  a este acto.

Durante más de cincuenta años la ruta procesional ha conservado  su esquema original, aunque ha habido variaciones mínimas. Tiene su origen en el Templo del carmen, continúa por Villerías, Universidad, Aldama, Galeana, Independencia, Carranza, Madero, 5 de mayo, Carranza, Jardín Hidalgo y Manuel Jose Othón  para volver al Templo del Carmen.

Las cofradías son los grupos que integran la columna procesional. Durante su paso, transmiten el silencio religioso del pueblo. Cada una lleva una imagen que reprensenta alguna estación del Vía crusis o un Misterio Doloroso del Rosario. Los cofrades visten los colores alusivos a la parroquia que representan. Todos tiene un significado y una razón de ser. Dentro de ellas, destacan los costaleros que llevan a los hombros las pasadas Andas de la imagen que las representa. Todos procesionan con el mismo objetivo, nadie mejor que ellos demuestran su entrega y sacrifico.

Actualmente son veintisiete cofradías las que integran la columnas, el orden va de acuerdo a las estaciones del Vía crusis integradas con los misterios dolorosos del Rosario.

Esto nos habla del interés de las cofradías de no quedarse excluidas.

En la ruta procesional se ubican puntos estratégicos, la columna se detiene  para escuchar las saetas. La saeta es un canto agudo y compungido que conmociona, por su particular entonación pretende llegar a los corazones y contagiar el sentimiento de dolor propio de la noche.

Dentro de la organización de la procesión del silencio destaca la labor incansable de tradiciciones potosinas, asociación civil creada en 1966 a iniciativa de Fray Luis F.

Pizá. El esfuerzo de sus integrantes ha permitido la presencia de esta tradición potosina. Una larga trayectoria llena de vivencias y testimonios que ha trascendido interrumpidamente.

En la procesión del silencio todos somos iguales y compartimos el mismo sentir, un dolor que palpa y se transmite, se ve y se respira. La fe y esperanza son los motores que mueven los corazones para continuar realizándolo con alegría, belleza misticismo  y plasticidad, que nos une como pueblo y muestra el sentido social y religioso de los potosinos.  Texto: Propiedad de Tradiciones Potosinas

Disfrute de la  de la Procesion del Silencio desde alguno de los balcones del museo. 

De 1 a 6 personas por balcon.

Más información llamando al 814-09-94